La actual crisis económica está cambiando la forma de hacer política, el comportamiento de las sociedades y la forma de entender los mercados. Esto está conllevando un cambio en la sociedad a cerca de la percepción de
'ante quien tienen que rendir cuentas y ante quien hay que quejarse', si ante sus entidades locales, ante sus gobiernos regionales, sus gobiernos nacionales, su gobierno europeo o incluso ante los gobiernos de terceros muy influyentes pero inicialmente externos a ellos.
En la empresa, incluso en las PyMES, la internacionalización está formando parte de las estrategias empresariales hasta el punto de que una empresa que no innova, que no investiga, que no desarrolla, que no internacionaliza sus productos, que no emprende, es una empresa con un cierto déficit con respecto a la tendencia que marca
'el mercado'.
En política, de cara a los ciudadanos se ha tomado una vereda distinta a la que luego aplican los gobiernos una vez que alcanzan el poder. En las últimas elecciones municipales y autonómicas lo que predominó en los programas electorales fue la atención hacia la micropolítica, alejándose de los grandes proyectos y centrando sus propuestas estrella en las necesidades cotidianas del día a día.
La clave para ganarse al electorado estuvo en la cercanía.
Cuentan que el marketing como teoría nació en Alemania, cuando en una céntrica calle de Berlín conocida por sus sastrerías uno de los dueños puso en su tienda un cartel que decía: 'La mejor sastrería de Alemania'. El sastre de al lado, envidioso él puso: 'La mejor sastrería del Mundo'. El tercero en discordia, dándole vueltas a cómo superar al anterior puso: 'La mejor sastrería de la calle'.
No hay ni que decir que fue el último el que triunfó gracias a la cercanía de su mensaje.
Ahora bien, ese mensaje no está sirviendo para estas elecciones generales en las que la clave es la macropolítica. En la práctica, la política de Estado, al antojo de los mercados, ha dejado a un lado su agenda programática nacional. Véase los cambios de gobierno en Reino Unido, Portugal, Grecia, Italia
(el efecto Monti, después de 48 horas de su designación, parece haberse acabado) y en breve España. Todos estos cambios han respondido a las demandas de los mercados. Se ha votado sin ideología, se ha votado el cambio por el cambio y lo que es más grave, en ninguno de los casos se ha visto alterada la deriva de sus economías.
Los mercados, esos entes abstractos pero que los conforman nuestros vecinos o nosotros mismos cuando invertimos en un gran fondo de inversión, han sido los principales actores de un teatro que nos ha inculcado la globalización como si fuera el paraíso, sin confesarnos que la verdadera globalización es aquella que globaliza, además de las perdidas, las ganancias, las políticas, las instituciones, los aranceles, TODO.
El resto, es negocio. Esta falta de cohesión hace que ya sean muchos los que dudan de la viabilidad y estabilidad futura de la moneda única, más aún si empiezan a caer economías como Italia o España.
¿Quizás haya que planteárselo?
En este escenario nos encontramos,
- Con un mercado financiero que sin la globalización muere,
- países que en sus Parlamentos gobiernan mirando hacía fuera
- e instituciones globalizadas creadas con el fin de encontrar el beneficio común (véase Parlamento Europeo) en las que los diputados gobiernan bajo un pensamiento nacionalista alejado de las soluciones globales que tanto demandan las sociedades. Es ahí donde está el problema.
¿Cómo no va ser rentable el rescate?
Por ejemplo: Alemania paga un interés de 2´5%-3´5% en sus préstamos. Presta ese dinero a, por ejemplo, Grecia al 6%-7%. ¿Quién diría que no a esa operación?
Moraleja: El rescate no es ayuda, es negocio. ¿Dónde está la UE para evitarlo?
Mientras la reestructuración económica no sea global, volveremos a tropezar en la misma piedra.